Esto es lo que pagan en la frontera por el litro de gasolina venezolana

Esto es lo que pagan en la frontera por el litro de gasolina venezolana

El comercio ilegal de gasolina en la vía que conduce hacia la frontera con Colombia no tiene control. En la Troncal del Caribe, entre el sector Paila Negra y Paraguachón la compra y venta del combustible se realiza a plena luz del día y a la vista de todos. El diferencial entre precio subsidiado de la gasolina en Venezuela y el costo del combustible en el vecino país estimula la reventa y el contrabando de combustible. Las comunidades, a lo largo de La Guajira, prácticamente viven del comercio ilegal de la gasolina y también de los alimentos.

En Sinamaica, a ambos lados de la vía, hay puestos de compra y venta de la gasolina. Con cartel en mano los compradores informan el precio que están dispuestos a pagar el “punto”: una pimpina de 20 litros de gasolina la compran entre 400 y 800 bolívares, dependiendo del lugar de la carretera en la que vacíen el tanque. Hay quienes llegan a pagar por 2 litros de gasolina 100 bolívares y por la botella de cinco litros hasta Bs 250.

Quien vende hace una inversión inicial de 1,94 bolívares por los 20 litros de combustible y en promedio obtiene una ganancia de 40 bolívares por cada litro que comercia. Los interesados en vender el combustible de su vehículo se detienen sin reparo a un lado de la carretera y con una manguera en cuestión de minutos succionan lo necesario para llenar el recipiente. Quedan con lo justo para llegar hasta el lugar de destino o para volver, llenar de otra vez el tanque y emprender de nuevo el recorrido.

En Paraguaipoa, el tráfico colapsa. No sólo por la afluencia de vehículos, particulares y de carga, que transitan por esa zona, sino porque con sólo bajar el vidrio y hacer una seña los “bachaqueros” saltan sobre el vehículo, destapan el tanque y comienzan a extraer el líquido. Ahí el “punto” cuesta 620 bolívares. Al finalizar, pagan y cada quien sigue su camino.

El negocio resulta lucrativo tanto para el que compra como para el que la vende. Ese mismo recipiente de 20 litros que compran hasta en Bs 800 en suelo venezolano lo venden del otro lado de la frontera a un cambio les permite obtener hasta 1.600 bolívares. Es decir, el doble de la inversión. Si pagaron 400 bolívares la ganancia se triplica. Un bachaquero que vende cinco pimpinas al día obtiene una ganancia de al menos 4.000 bolívares, casi un salario mínimo. Ese es el negocio de quienes manejan la reventa “al por menor”, pero en Guarero las gandolas de gasolina hacen cola para cruzar la frontera.

Aunque entre esa localidad y la última alcabala venezolana en Paraguachón solo hay una estación de servicio operativa, el martes al medio día seis gandolas aguardaban en cola. En La Raya, ese espacio que existe entre la V y la C que demarcan el fin del territorio venezolano y el comienzo del suelo colombiano, es denominado tierra de nadie. Ahí no intervienen los cuerpos de seguridad de ninguno de los dos países. En ese punto la compra y venta de gasolina, entre otros productos, es surreal.

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